Odesa es conocida en el mundo como la «perla junto al mar», una ciudad de arquitectura refinada y bulevares soleados. Sin embargo, tras las fachadas del teatro de la ópera y de los palacios se oculta otra historia: severa, pétrea y subterránea. Esta historia comienza en la colina Shkodova, donde aún hoy puede contemplarse un fenómeno único en Ucrania: un asentamiento entero excavado en la roca. Es la «ciudad rupestre» de los canteros, que se convirtió en el fundamento sobre el cual se edificó toda Odesa.
El origen histórico: de los cosacos zapórogos a los constructores del imperio
La historia de la colina Shkodova comenzó mucho antes del inicio de la construcción de Odesa en 1794. Tras la disolución de la Sich de Zaporiyia en 1775, muchos cosacos no cruzaron el Danubio, sino que permanecieron en las tierras del norte del mar Negro, que entonces pertenecían al Imperio otomano. Fundaron asentamientos cerca de Jadzhibey (la futura Odesa), en particular en la zona de las actuales Usátove y Kryva Balka.
Cuando el Imperio ruso inició la construcción de un gran puerto, surgió una necesidad urgente de material de construcción. La colina Shkodova resultó ser un verdadero tesoro, pues estaba compuesta casi en su totalidad de coquina, una piedra caliza formada por conchas marinas. Se trata de una piedra blanda y fácil de trabajar, pero resistente, ideal para la edificación de viviendas.
Hacia las laderas de la colina acudieron cientos de trabajadores: antiguos cosacos, campesinos fugitivos y canteros libres. Dado que el arrendamiento de la tierra y la construcción de una casa convencional resultaban costosos, las personas demostraron ingenio y comenzaron a excavar directamente en la pendiente. Así surgieron las primeras viviendas rupestres, que con el tiempo formaron calles enteras.
Arquitectura de la «Edad de Piedra» en el siglo XIX
Las casas excavadas en la colina Shkodova (actual calle Hladkova) no eran simples cuevas primitivas. Representaban una adaptación singular de la casa tradicional ucraniana al paisaje montañoso.
El proceso de creación de estas viviendas era el siguiente:
Tallado de la fachada: en la roca se labraba una pared vertical en la que se abrían la puerta de entrada y dos o tres ventanas.
Formación de las estancias: hacia el interior de la colina se extraía la piedra, creando habitaciones de hasta 20–30 metros cuadrados. El techo solía adoptar forma de bóveda para garantizar mayor solidez.
Acabado: las paredes se nivelaban cuidadosamente y se recubrían con una gruesa capa de cal. Esto no solo iluminaba el interior, sino que también protegía contra la humedad y el moho.
Calefacción: la parte más interesante era el sistema de chimeneas. En el espesor de la roca se abrían conductos verticales que salían a la superficie del altiplano superior. Al pasar junto a la colina, podían verse extrañas chimeneas que emergían directamente del suelo, como si criaturas fantásticas habitaran bajo tierra.
En el interior de estas viviendas reinaba un microclima único: gracias a las propiedades aislantes de la piedra caliza, la temperatura se mantenía entre +15 y +18 °C durante todo el año. Esto permitía ahorrar leña en invierno y disfrutar de frescor en el calor sofocante del verano.
Las catacumbas: los laberintos bajo los pies
Bajo el nivel residencial de la ciudad rupestre comienzan las auténticas catacumbas. Se trata de antiguas galerías donde la piedra se extraía no para la vivienda, sino para su venta. Las minas de la colina Shkodova se consideran entre las más antiguas de la región de Odesa.
El trabajo de los canteros era extremadamente duro. Trabajaban a la luz de candiles de aceite, desprendiendo manualmente los bloques de piedra. Hoy en estos subterráneos pueden encontrarse:
Grafitis del pasado: en las paredes se conservan dibujos realizados con carbón que representan caballos, carros y, en ocasiones, cuentas de la piedra vendida o los apellidos de los trabajadores.
Huellas de herramientas: las marcas claras de sierras y picos transmiten el ritmo del trabajo de quienes literalmente «arrancaron» Odesa de la roca.
Durante los años de la Segunda Guerra Mundial, estos laberintos sirvieron de refugio para los habitantes locales durante los bombardeos aéreos.
Un fenómeno cultural y el cementerio cosaco
En la cima de la colina Shkodova se encuentra otro testigo silencioso de la historia: el cementerio Sotnykivske (Kuyálnytske). Es el cementerio cosaco mejor conservado y uno de los más grandes de Ucrania. Aquí se encuentran más de 200 cruces de piedra, la más antigua fechada en 1771.
Las formas de las cruces impresionan por su diversidad: maltesas, griegas y trilobuladas. Todas están talladas en la misma coquina extraída bajo la colina. Muchas presentan inscripciones en antiguo eslavo que relatan la historia de los cosacos del Ejército del mar Negro y de sus familias. Este lugar constituye la mejor prueba de que Odesa surgió sobre la base de una cultura y tradiciones profundamente arraigadas en la estepa ucraniana.
La colina Shkodova hoy: un patrimonio olvidado
En la actualidad, esta zona se encuentra en estado de abandono, aunque su potencial como atractivo turístico es enorme. Las casas rupestres de la calle Hladkova se deterioran gradualmente bajo la influencia de la humedad y del paso del tiempo. Algunas siguen habitadas: los propietarios modernos han añadido terrazas de ladrillo a las «cuevas», transformando las estancias excavadas en acogedores dormitorios o almacenes.
Este lugar es conocido como la «Capadocia de Odesa». Aquí reina una energía especial: una mezcla de paisaje industrial (cerca se encuentra una refinería de petróleo), serenidad cosaca ancestral y grandeza subterránea.
La colina Shkodova es el fundamento de Odesa, tanto en sentido literal como metafórico. Es un testimonio de cómo la voluntad y el trabajo humanos pueden transformar una roca salvaje en un hogar acogedor y en una ciudad majestuosa.
Datos curiosos para los más interesados:
¿Por qué “Shkodova”? El nombre proviene de la palabra «shkoda», que significa “daño” o “pérdida”. Debido a los suelos salinos y pantanosos al pie de la colina, el camino era tan malo que los carreteros rompían con frecuencia sus carros y perdían mercancías, lamentándose de tales “pérdidas”.
El tranvía entre los juncos: junto al pie de la colina circula el famoso tranvía número 20. Su recorrido atraviesa espesos cañaverales y pasa junto a las casas rupestres, convirtiendo el trayecto en un auténtico viaje en el tiempo.
La energía del lugar: las leyendas locales cuentan que en las catacumbas bajo la colina a veces se oyen sonidos de herramientas en funcionamiento, aunque no haya nadie allí, como si los «espíritus de los canteros» continuaran su labor eterna.



Leyendas de la colina Shkodova
La colina Shkodova, donde durante siglos se entrecruzaron los destinos de cosacos, canteros y contrabandistas, no podía sino impregnarse de misticismo. Cuando el sol se oculta tras el limán y las sombras de las cruces de piedra se alargan, este lugar revela su lado «oscuro».
Estas son las leyendas más conocidas de esta tierra:
1. La leyenda del Cantero Blanco
Es la historia más popular entre los exploradores urbanos y los investigadores de los subterráneos de Odesa. Se dice que en las profundidades de las antiguas galerías de la colina Shkodova habita el espíritu de un cantero que murió en un derrumbe en el siglo XIX. A diferencia de los espectros malignos, se le considera un guardián: según la tradición, el «Cantero Blanco» se aparece ante quienes se han perdido en las catacumbas y, con un gesto silencioso, les indica el camino hacia la salida. Pero ¡ay de quien descienda bajo tierra con malas intenciones o ensucie los laberintos! El espíritu puede «confundir» el camino o atemorizar con el estruendo de piedras que parecen desplomarse.
2. El carro fantasma (el espectro de los chumakos)
El camino al pie de la colina, conocido como «Shkoda», siempre fue peligroso. Los antiguos habitantes del barrio de Peresyp contaban que, en las noches brumosas, cuando el limán se funde con el cielo, se puede oír el chirrido de las ruedas de un viejo carro y los gritos apagados de los arrieros. Se dice que son los fantasmas de los chumakos, comerciantes que en otro tiempo quedaron atrapados en estos pantanos y jamás lograron entregar su mercancía. El encuentro con tal «fantasma» se consideraba un mal presagio, anunciando desgracia en cualquier viaje.
3. Los tesoros de los cosacos del mar Negro
Existe la creencia de que el cementerio Sotnykivske no es solo un lugar de reposo, sino también una especie de «caja fuerte». Circulan rumores de que, antes de abandonar definitivamente estas tierras o de partir a la guerra, los cosacos escondían su oro en criptas secretas bajo las cruces de piedra o en ramificaciones sin salida de las catacumbas, cuyos accesos sellaban con rocas. La leyenda afirma que el tesoro solo se revelará a quien no llegue movido por la codicia, sino con el deseo de restaurar la memoria de los héroes olvidados. Sin embargo, los intentos de los saqueadores clandestinos por encontrar el oro siempre terminaban en fracaso o en accidentes repentinos.
4. El misticismo de las cruces trilobuladas
Se dice que las antiguas cruces cosacas de la colina poseen una fuerza especial. Algunos sensitivos locales aseguran que se trata de un «lugar de poder», donde se desvanece la sensación del tiempo. Existe la creencia de que, si al amanecer se coloca la mano sobre la cruz más antigua y se pide protección para el propio hogar, los espíritus de los antepasados cosacos velarán por la familia. Al mismo tiempo, otra leyenda advierte que no se deben fotografiar las cruces durante la luna llena, pues en las imágenes pueden aparecer rostros de personas que no estaban allí.
5. Las chimeneas susurrantes
Dado que las chimeneas de las casas excavadas salían directamente a la superficie del altiplano, surgió una leyenda urbana sobre los «susurradores subterráneos». Se cuenta que, en tiempos antiguos, los contrabandistas utilizaban estas chimeneas como sistema de aviso. Si en el limán aparecía una patrulla, desde arriba se susurraba una señal convenida que, gracias a la acústica de la roca, podía oírse en lo profundo de la cueva a decenas de metros. Hoy en día, los turistas bromean diciendo que, si se acerca el oído a una vieja chimenea abandonada en la colina, todavía puede escucharse el eco de conversaciones mantenidas allí hace cien años.
La colina Shkodova es un lugar donde la frontera entre la realidad y la leyenda es extremadamente tenue. Tal vez por ello atrae tanto a quienes buscan en Odesa algo más que simples paisajes marinos.


